viernes, 7 de diciembre de 2007

Las locuras del Emperador

Por ahí escribí algo rápido al respecto de la defensa que le hizo
William L(R)ara a las declaraciones de Chávez. Lo pongo a
continuación:
--
La Revolución de las Palabras
Hace poco el Ministro de Propaganda (¿o era de Comunicación?) nos
enseñó magistralmente como no es lo mismo que un juan bimba cualquiera
diga palabras groseras en televisión, a que el líder de la Revolución
Socialista de Venezuela las diga.
Comencemos por afirmar el deber ser: el gobierno no debe tener ningún
tipo de injerencia en la "moral y las buenas costumbres." Eso sería
propio de una derecha a la que ellos siempre atacan, la derecha
santurrona, conservadora, que hace todo lo posible por que las cosas
permanezcan como están; cada quién en su lugar apropiado. El mismo
fenómeno se da en la Cuba de Castro, donde la nomenclatura gobierna en
nombre de la moral. Sin embargo, el gobierno actual y todo gobierno
anterior en Venezuela, sí se ha entrometido, como padre o madre, en lo
que sus súbditos (¿ciudadanos?) podemos leer, ver o escuchar.
Dice William:
"Han armado un escándalo por el uso de una palabra que algunos pacatos
consideran escatológica pero que han empleado muchos narradores como
Gabriel García Máquez en su obra el Coronel no tiene quien le
escriba(...) Vamos a agradecer a Chávez por hacer con la palabra
'mierda' lo que hizo Arturo Uslar Pietri con la palabra pendejo quien
luego de emplearla dejó de ser un delito. Quieren hacer ver que el
primer mandatario no tiene cultura o estaba iracundo cuando usó la
palabra, esta expresión que emplea el pueblo a cada rato y Chávez es
parte del pueblo"

--
Cuando Arturo Uslar Pietri dijo públicamente esa grosería ("pendejo"
quiere decir "vello púbico") nunca recibió del gobierno un aplauso ni
una reivindicación. Sencillamente los ciudadanos decidieron no tomarlo
como ofensa y los medios decidieron repetirlo. El gobierno
sencillamente decidió no sancionarlo conforme a las leyes que ya
existían.
Los habitantes de Venezuela usamos muchas palabras en nuestro día a
día, y dependen del contexto donde nos encontremos. El lenguaje del
mercado popular no es el mismo que el del café o el del aula
universitaria, ni de la reunión entre amigas, ni que el de la taguara.
El venezolano sí dice, Sr. Lara, "mierda" en su hablar cotidiano, y no
son las leyes lo que le impide decir groserías en un contexto
inapropiado, sino la opinión que de él tienen los demás. El rechazo de
los demás es el resultado de no adaptarse a los contextos. Ningún otro
de los Venezolanos, William, encadena a los medios para decir sus
groserías.
Aunque todas las leyes de censura a los medios desaparecieran mañana,
no escucharíamos vulgaridades a diestra y siniestra. Esto es porque el
negocio y la existencia de los medios de comunicación (los libres y
privados, no los obligatorios que pagamos todos así no queramos)
dependen de la opinión que de ellos tengan sus clientes (el pueblo).
Hay muchas palabras ofensivas que el pueblo dice, William: "marico",
"mamagüevo", "hijo'eputa", "malparío", "sebillúo" y muchas otras más.
¿En cuanto las diga el líder revolucionario salen entonces de la lista
negra de la expresión pública?
La idea de que el presidente o gobernante dicta lo que está bien y lo
que está mal es una trampa totalitaria. Debemos rechazar esto como un
paso más hacia la dictadura y darnos cuenta que en el país hay dos
clases: una, a los que la leyes les afecta: tú y yo; y la segunda, los
que está por encima de ellas, y que cuando delinquen, sale todo el
régimen inmediatamente a defenderlos.
La actuación del ministro da vergüenza. Tú ya los has visto delinquir,
y salir impunes. A ellos hay que impedirles que nos legislen la vida
mientras que sólo ellos son libres.

No hay comentarios: